Historia de Terror: La Acampada Maldita

Historia de Terror: La Acampada Maldita

por | Sep 3, 2021 | Historias de Terror | 0 Comentarios

Historia de Terror: La Acampada Maldita. La historia de terror que hoy os voy a contar está basada en hechos reales, todo lo que voy a contar ocurrió de verdad, siempre según el testimonio de pedro y Juan, a los agentes del orden. Dos chicos que acababan de cumplir la mayoría de edad y decidieron pasar un fin de semana en el campo, en la sierra, rodeado de la naturaleza. Cosa que a ambos les encantaba y había decidido comenzar a estudiar biología. Por eso y para celebrarlo, como dije anteriormente, decidieron hacer una acampada en medio de la sierra y también así, despejarse de un año muy duro lleno de estudios y exámenes que por fin habían conseguido aprobar y les permitiría seguir estudiando.

Era la mañana de un viernes cualquiera después de una semana de haber finalizado el último curso. Ese mismo día nuestros dos protagonistas habían quedado por la mañana bien temprano, para emprender la esperada acampada de la que llevaban hablando todo el curso y a la que asistirían si ambos aprobaban con sobresaliente. Pedro y Juan se encontraban eufóricos y deseosos de llegar y por fin entrar en contacto con lo que más les gustaba, la naturaleza.

El primer encuentro

A las 9 de la mañana ya se encontraban en la estación de autobuses esperando el transporte que les llevaría a la sierra donde pretendían acampar, pero no antes, sin haber realizado varias paradas en diferentes pueblos durante el recorrido. Cuando llevaban 2 horas de viaje, el autobús llego al primer pueblo, a la primera parada de su destino, un destino que aun desconocían y que solo habían visto mediante fotos en internet. Un destino que les llevaría a vivir una de las experiencias más terroríficas y escalofriante.

Ambos se bajaron del autobús con las piernas entumecidas del viaje y decidieron acceder al bar cafetería que había en la misma estación, y así poder desayunar algo durante la media hora de parada e iniciar la marcha con las pilas bien cargadas. Juan colocó su pesada y grande mochila a su espalda y ayudó a Pedro a colocarse la suya.

Buenos días camarero, deseamos dos cafés bien cargados y pan tostado con algo para untarle, lo que sea, pero que tenga vitaminas, necesitamos fuerza para la acampada. Justo en ese preciso momento Juan sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo, sentía como cuando alguien te mira fijamente por la espalda, dos ojos se le clavaban en el cogote. Lentamente volteó su cabeza y allí estaba, un anciano barbudo, con los pelos muy largos y con aspecto desaliñado, lo miro fijamente.

Juan dando un golpe con el codo a su amigo Pedro que le estaba dando un sorbo al café, le dijo; mira, mira, ese extraño hombre con pinta de indigente no para de mirarme. Cuando Pedro también se volteo para ver de quien se trataba y si quería algo en concreto, el hombre misterioso se levanto y se fue hacia la calle, perdiéndolo ambos de vista.

Bueno, bueno, no será nadie, solo un pobre vagabundo en busca de unas monedas, ya se ha marchado contesto Pedro. Ya, pero es que me miraba de una forma muy extraña y he sentido un escalofrío que recorría mi cabeza y espalda, dijo Juan. Eso son los nervios y las ganas de llegar y ver el bosque en toda su plenitud, replicó pedro de nuevo. Si, eso será, continuemos que el autobús ya se pone en marcha y no podemos perderlo. Vamos.

¿Quién era el extraño hombre de esta historia de terror?

De nuevo en marcha con 3 horas de camino aun por delante antes de hacer la segunda parada, Pedro y Juan estuvieron hablando eufóricos de como pasarían el fin de semana rodeado de plantas y árboles, ya que ellos vivían en la gran ciudad y no habían tenido ocasión de acampar en la naturaleza. Después de una hora y media más o menos hablando, los dos se quedaron dormidos con el balanceo del autobús, un poco cansados por lo temprano que habían tenido que levantarse esa mañana para preparar todo lo necesario para la acampada.

De repente sonó un timbre que despertó a los dos de un salto, que pasa, que pasa, es el bus que ya ha llegado al siguiente pueblo, vamos a darnos prisa, necesito ir al baño y una vez más disponemos de media hora hasta que el transporte reinicie la marcha, dijo pedro.

Volviendo a cargar de nuevo sus dos pesadas mochilas a sus espaldas, se adentraron en la estación donde habían parado, en busca de un baño, luego tomar un tentempié y continuar su aventura que sin duda sería algo que no olvidarían jamás en la vida. El timbre del bus sonó de nuevo advirtiendo a estos dos chicos de que su viaje continuaba, en ese instante cuando ambos volvían a cargar sus pesadas mochilas a la espalda para acceder al autobús que los llevaría ya directos a su última parada, los dos se quedaron helados, sus rostros cambiaron de alegre a asustados, justo frente a ellos se encontraba el misterioso hombre barbudo, nuevamente mirándolos fijamente, como si supiera las intenciones de los dos chicos e incluso al destino que se dirigían.

Vamos, vamos, camina, no te pares, no lo mires, que perdemos el autobús. Los dos chicos con paso ligero caminaron hacia el transporte cruzándose en el camino con el hombre barbudo que no dejo ni por un instante de mirarlos fijamente con esos ojos ensangrentados y apagados pero que al mismo tiempo producían un escalofrío que te rodeaba por completo, haciendo que hasta el último bello del cuerpo se erizara.

¿Quién es ese hombre, que mala pinta tiene? Si verdad, ¿y como habrá llegado aquí si estaba allí? es absurdo, comentaron ambos chicos entre ellos. El resto del trayecto hasta llegar a su última parada, transcurrió con normalidad. Solo quedaba una hora escasa de camino y la emoción del momento hizo que estos dos chavales olvidaran de nuevo al misterioso hombre barbudo.

La última parada

El timbre señalaba el final del trayecto, mochilas al hombro bajaron del bus, de nuevo, ante sus atónitas caras, ahí estaba, quieto, inmóvil como un tronco, frente a ellos, del susto no pudieron evitar dar un grito y retroceder unos pasos. Ahh, ahh, es imposible, hace una hora estaba en la otra estación, no puede ser. El hombre barbudo dando un paso acercándose cada vez más a ellos, levanto un brazo haciendo el gesto de que se acercaran. Una voz rota, e incluso muerta, salió de sus labios tapados por esa barba estropajosa que les decía. Muchachos, muchachos, si veis una luz por la noche, mientras acampáis, no acudáis, ignorarla.

¿Pero de que habla viejo? Juan, vamos, vamos, camina hacia el sendero y adentrémonos en el bosque, se hace de noche y tenemos que llegar a tiempo para montar las tiendas antes de que oscurezca. Mientras los dos amigos caminaban a paso ligero y firme dirección al sendero que los llevaría a la zona de acampada que ellos habían visto en internet, el hombre barbudo seguía diciendo con esa voz muerta, no acudáis a la luz, no se os ocurra chicos.

Después de unos metros ya adentrados en el sendero, cuando miraron de nuevo a tras, el hombre barbudo había desaparecido, ya no lo veían caminando despacio hacia ellos, pero si podían seguir viendo el autobús y otras personas senderistas que también se disponían a pasar el día en la sierra.

¿Qué extraño todo verdad Pedro? Olvidémoslo Juan, seguro es un alguien perturbado. Nada puede fastidiarnos este día, no hueles ya la hierva, el bosque…

La acampada maldita

Por fin después de casi una hora de camino por el sendero que cruzaba un gran bosque de árboles muy grandes, arbustos y maleza, llegaron a un claro, un claro donde otros campistas también solían acudir, pero les resultó bastante extraño que allí no hubiera nadie, solo ellos, excepto una tienda de acampada vieja y deteriorada que aun seguía allí montado. Los dos pensaron que alguien se la habría dejado olvidada allí y que al día siguiente, el sábado, llegarían otros campistas.

El día se transformo en noche, la noche cada vez se tornaba mas oscura y un ligero viento se había levantado pronosticando casi seguro que esa noche llovería. Rápido Juan saca la linterna, si la tengo en la mochila, contestó. Aquí esta, pero no enciende ¿tu has traído las pilas? yo, ¿las pilas? te dije que las compraras tu. Pues se han olvidado. A oscuras solo con la luz del teléfono móvil sacaron la tienda y la montaron como pudieron.

En seguida comenzó a llover muy fuerte, el aire cada vez soplaba mas y mas rápido, la tienda no aguantaría mucho más. Mojados, con frio y pensando en donde se habían metido, la balsa de agua de la fuerte lluvia que se había acumulado encima de la tienda de acampada termino rajando la tela por el peso y entrando a chorros en la tienda, ninguno se dio cuenta en medio de la oscuridad y la tormenta, que el agua había inutilizado los teléfonos para poder avisar a salvamento si la noche se torcía aun pero de lo que ya se había torcido.

En ese preciso instante boom, un gran golpe se escucho a la vez que una gran ráfaga de viento desancló la tienda que estaba mal anclada y salió volando en medio del bosque, dejando a nuestros dos personajes al descubierto, a merced de los elementos, en una noche que comenzaba a parecer maldita.

¿Ahora que hacemos? exclamo uno de ellos, no lo se, contesto el otro, relajémonos un instante y pensemos. Juan estaba totalmente aterrorizado, las piernas le temblaban y casi no podía sostenerse en pie del miedo que le invadía. Su compañero Pedro compartía su mismo estado, mojado, sin luz para ver algún camino y temblando de frio, aunque mas aun de miedo. Ambos estaban aterrorizados.

Entonces, en ese preciso instante, una pequeña luz muy tenue, apareció de la nada a lo lejos. La luz cada vez se podía ver con mas claridad y sin dudarlo ni siquiera por un instante, los dos compañeros totalmente aterrorizados en medio de la noche, solos en el bosque, comenzaron a caminar hacia la luz. Mira Pedro, es una vieja casa y la luz proviene de su interior, ves como todo iba a salir bien.

La amable anciana

Al llegar a la vieja casa pudieron ver que la pared que veían de lejos estaba llena de malas hiervas y musgo. Pero por una ventana con cristales apagados y casi opacos, se veía un resplandor. Sin dudarlo llamaron a la puerta. Una anciana muy amable con el pelo y rostro blancos como la nieve les abrió la puerta.

Hola muchachos, ¿qué os ha pasado? Hola señora, perdona que la molestemos, pero hemos sufrido una serie de desafortunadas desdichas y hemos quedado a la intemperie, sin comida y sin un lugar donde refugiarnos. No se preocupen criaturitas del señor, pueden pasar y tomar una sopa caliente que justamente ahora acabo de preparar en el fuego. Muchas gracias señora, no se como vamos a agradecérselo. No os preocupéis pobres muchachos, solo con vuestra compañía a esta ancianita que vive sola es suficiente.

Los chicos algo más tranquilos y secos, habían tomado un buen tazón de sopa muy sabrosa al lado de la chimenea. La anciana les dijo cuando ya habían cenado que al fondo del pasillo había una habitación que perteneció a su marido, que dormía ahí debido a los ronquidos que ella ya no soportaba, pero que su marido hacía ya tiempo que había fallecido. Solo había una cama y decidieron acostarse los dos juntos para permanecer calientes toda la noche, ellos no tenían mantas y la cama solo tenía una muy vieja y desgastada.

Los dos exhaustos y cansados enseguida se quedaron dormidos pensando en que en la mañana siguiente el tiempo habría mejorado y podrían emprender su regreso a casa. Pero sobre las 3:33 de la madrugada, ambos se despiertan sobresaltados escuchando lo que parecen ser unos pasos cortos pero contundentes en el pasillo, en ese instante pudieron oír la voz de esta ancianita de tez pálida y rostro huesudo, que les decía; Chicos, chicos, estáis dormidos. Los dos amigos se miraron en medio de la oscuridad y sin poder remediarlo contestaron a la vez, no, aun no señora anciana. Todo quedó de nuevo en silencio, solo se podían oír los sonidos del bosque y los pequeños animalillos e insectos que hacían su vida en la noche, en el bosque.

La gran huida

La tormenta había parado y ya no se escuchaban los truenos, el viento ya no soplaba con tanta fuerza y ambos de nuevo, se quedaron dormidos. Pero poco tiempo después los mismos pasos de antes pero ahora mas contundentes y con más rapidez se acercaban por el pasillo justo hasta detrás de la puerta de la habitación donde los dos amigos ya muy asustados intentaban dormir. De nuevo, la voz de la anciana que ahora se había tornado mas profunda, volvía a preguntar, chicos, chicos, estáis dormidos. Pedro y Juan sintieron un escalofrío que les recorría el cuerpo. Uno agarrado del otro, justo en el centro de la cama, ni un poco más a un lado, ni un poco más a otro, justo en medio de la cama, tiraron de la manta hasta tapar sus cabezas y volvieron a contestar, no amable anciana, aun no estamos dormidos.

De nuevo el silencio invadió la noche, pero ahora era un silencio sepulcral, no se oía nada, ni animalillos ni insectos, solo la noche. Sin dudar un solo instante, decidieron colocar sus mochilas en la cama, tapándolas con la manta, simulando que estaban acostados mientras se ocultaban debajo de la cama y así saber que es lo que la anciana de rostro huesudo quería.

Efectivamente, no se hizo esperar, se escucharon de nuevo los pasos que para nada eran ya los de una anciana, si no todo lo contrario, eran pasos muy pesados que parecían de un hombre grande. De nuevo una voz ahora macabra, preguntaba, chicos, chicos estáis dormidos, los dos amigos aterrorizados y temblorosos permanecieron en silencio. Boomm la puerta se abrió de repente y una sombra oscura que no tocaba el suelo con la cara esquelética y ojos muy rojos, se abalanzó sobre las dos mochilas que había encima de la cama. Juan y Pedro casi no podían aguantar el terror que sufrían en ese instante y ambos con la mano se tapaban la boca para no hacer ningún ruido mientras veían una hoja larga y afilada que atravesaba el colchón de arriba a baja, casi rozando sus cabezas en varias ocasiones.

De repente, todo quedo de nuevo en el más absoluto silencio, un silencio aterrador. Estos amigos, estos chicos que no daban crédito a lo que estaban viviendo, salieron por la ventana de su habitación abandonando sus mochilas corriendo a través del bosque como almas a las que llama el diablo.

El gran desenlace

Eran las 7 de la mañana y los rayos del sol ya atravesaban las ramas de los grandes árboles, casi sin respiración, acongojados y nerviosos llegaron a la estación donde el autobús les había dejado el día anterior, informaron sin dudarlo a los agentes que no terminaban de creer a estos dos jóvenes. Sin más y ya de día, los dos agentes del orden y los dos chicos se pusieron en camino hacia la vieja casa para aclarar lo sucedido.

Cuando llegaron al lugar las caras de los dos amigos se quedaron totalmente pálida, el miedo que habían sentido esa noche no se acercaba ni por asomo al miedo que sintieron en ese preciso instante, ese preciso momento en que ya estaban en la vieja casa y pudieron comprobar que estaba abandonada, derruida y que solo quedaba en pie una vieja pared delantera con una puerta, al atravesarla allí estaban sus mochilas justo en el centro de las ruinas una encima de la otra. No daban crédito a lo que había ocurrido.

Días después ya en casa a buen resguardo y con el miedo aun en el cuerpo, pudieron investigar en internet y encontrar una vieja noticia donde se mencionaba el lugar en el que habían pasado la noche. Llevaba abandonado más de dos décadas. La noticia contaba que una mujer anciana había enloquecido y asestado varias cuchilladas a su marido. Más abajo, en la vieja noticia, una foto. Era el misterioso hombre barbudo que les había advertido de nunca caminaran hacia la luz.

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